martes, 10 de febrero de 2015
lunes, 13 de octubre de 2014
Guarnición y seguridad
de la Comandancia
El
poblado de Mayarí Arriba reclamaba una guarnición para protegerse de cualquier
ataque por sorpresa o infiltración de enemigos, aunque esto último era poco
menos que improbable. La Comandancia
posibilitó un sistema de guarnición y seguridad que permitió la creación de una
especie de destacamento armado. Con esta especial fundación, integrada por un
pequeño grupo de soldados rebeldes, los que inicialmente no podían ser
catalogados como policías, seleccionados por su mayor comprensión y cierto
nivel escolar, superior en relación con el nivel medio del Ejército Rebelde.
Al
compañero Fito Suárez se le encomendó hacerse cargo de la organización de las
postas alrededor de la
Comandancia: “La primera estaba en el camino de Sabanilla,
funcionando las 24 horas, la segunda se ubicaba en lo que era el campamento de
la guarnición, que luego se denominaría de la Policía Rebelde y
la tercera se hacía rondando la casa donde se dormía, que tenía su entrada por
el camino que va hoy a la escuela de Mícara y se rondaba además alrededor de la
vaquería donde continuamente se trabajaba hasta horas avanzadas de la
madrugada. Este servicio de guardia se integró por 20 o más compañeros”.
Se proyecta crear delegaciones de policía en las columnas y compañías,
pero lo que funcionaba como policía en la práctica era el cuerpo de guarnición
que a veces se ocupaba del servicio interno de la Comandancia. Recuerda
Fito: “que la composición de este grupo era heterogénea por las tareas que
realizaba, además de las guardias. Ya a finales de octubre, cuando llega a la Comandancia, había un
grupito de combatientes: el cocinero Santiago Wash, en ese tiempo llegó Israel
Reyes, que cayó después en
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Bolivia
junto al Che, y Enrique González, que luego fue instructor de la Escuela de Policía que
tendríamos cerca de la Yaya.
También el Sargento Guillermo Rivas, de suministro, que fue
nombrado por el propio Raúl, otro muchacho de apellido Chaveco, que era chofer
y auxiliaba a Rivas en el abastecimiento, conocedor de aquella zona, pues era
del mismo pueblecito de Mayarí”.
A mediados de octubre se incorpora a la Comandancia Alfredo
Reyes Trejo, con 5 hombres del Servicio de Inteligencia Rebelde, quien provenía
de la zona del Capitán Filiberto Olivera.
Reyes Trejo de inmediato empezó a incorporar a un grupo de
aproximadamente veinte hombres, venidos de San Luis, a hacer trincheras para
protegerse de los ataques aéreos. Por orden de Raúl, también estos se irían
incorporando a la célula original de la Policía Rebelde.
La aviación bombardeaba todos los días a Mayarí, cuando no era en la
mañana lo hacían en la tarde, amanecía con una neblina espesísima hasta las 8 o
9 de la mañana en los meses de octubre, noviembre y a principios de diciembre.
La Policía
Rebelde se comenzó a
constituir en estas condiciones. Es importante señalar el hecho de que esta
guarnición se convirtió en una especie de célula-madre, cuyos miembros serían
los primeros en portar el monograma de la Policía Rebelde,
fabricado caseramente en Mayarí Arriba.1 De esta célula se irían
desprendiendo de continuo los compañeros que asumieron la función policial en
los diversos poblados liberados. Por su adiestramiento, preparación y
confianza, este destacamento armado rebelde fue una fuente constante de la que
se nutrió la Policía
Rebelde. Pudiera decirse que más que funcionar como policía,
su papel fue el de ser la célula-madre, y su misión de cuerpo de guardia de la Comandancia Central le
impedirá en la práctica convertirse en un cuerpo policial.
1 Creamos un monograma o distintivo
que consistió en un pedazo de tela en forma de escudo con los colores del
M-26-7 rojo y negro y las letras en blanco con una PR o sea Policía Rebelde.
Doila, esposa en aquel entonces de Vazquecito, junto a un grupo de mujeres del
poblado, hicieron los distintivos. Los que usábamos nosotros tenían una CC, o
sea, Comandancia Central. Lo poníamos encima del brazalete. En realidad esto no
le decía nada a nadie dentro del territorio que tradicionalmente ocupábamos,
pues allí solo éramos los rebeldes; luego sí fue necesaria una identificación
en los territorios que se iban liberando.
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No
obstante debemos subrayar que a fin de cuentas esa guarnición quedaría bajo el
mando de la Policía
Rebelde y se encargó incluso, después del triunfo de la Revolución Cubana,
de la protección y seguridad de la Comandancia Central,
para lo cual se convertiría en un celoso vigilante de las preciadas vidas de
sus integrantes y de todos los bienes que esta contenía, incluidos los
documentos.
Es
justo reconocer que si los miembros de la Comandancia apenas
dormían, sumidos en el intenso trabajo de la conducción de la guerra y de la
dirección de la revolución, aquellos compañeros de la Policía Rebelde
encargados de la custodia, propiciaban esta fecunda vigilia con su anónima
labor. También este destacamento de guarnición se encargó del cuidado de
presos rebeldes y del enemigo, además de realizar las tareas de servicio
interno y de seguridad apuntadas.
Como
a 5 o 7 kilómetros
del poblado, en Tumba Siete, existía una casa inmensa con un amplio granero que
había servido al inicio de campamento al Comandante Casilla y que era utilizado
para alojar a los prisioneros militares hechos al ejército de la tiranía. En la Comandancia no había
cárcel, pero llegó a darse la ocasión de tener que improvisar una especie de
casita de guano a la orilla de un río como en el caso del piloto Mario Díaz
Saumel, ajusticiado el 3 de diciembre luego de probársele fehacientemente su
culpabilidad por un tribunal revolucionario. Este hombre, dueño y piloto de
una avioneta, fue capturado por una acción comando en una pequeña pista entre
el central Palma y el cuartel, y se le obligó a aterrizar en Mayarí Arriba. La
avioneta la dedicaba a taxi aéreo, pero al ser cortadas las carreteras por los
rebeldes se dedicó a transportar a oficiales y soldados de la tiranía y al
conocido asesino Campos Pontigo, jefe del escuadrón 14 de la Guardia Rural de
Palma Soriano, al traslado de la correspondencia y el dinero del pago a las
fuerzas de la tiranía destacadas en Palma. Estaba vinculado al sanguinario
Coronel Alberto del Río Chaviano en grandes negocios. Los días anteriores a
que concluyera este caso fueron de no dormir y de intensa agitación para la
guarnición, según recuerda aún hoy Fito Suárez.
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Organización
de la Policía Rebelde
Una
fría mañana del mes de noviembre de 1958, fui llamado por los entonces
capitanes Augusto Martínez Sánchez y Manuel Piñeiro Lozada, Barba Roja (fallecido),
para plantearme la misión de organizar lo que sería la Policía Rebelde
del Segundo Frente Oriental Frank País. Por aquel entonces la Comandancia radicaba
en Mayarí Arriba (en el lugar donde hoy está el museo).
El compañero Reyes Carbonell ya había dado algunos pasos iniciales. Mi
primera tarea fue organizar la seguridad de la Comandancia Central con los compañeros de la Policía Rebelde.
Estaba realizando en Soledad, por órdenes del Comandante Raúl, otro
trabajo que consistía en recoger una cantidad de vehículos volcados, algunos
en lugares verdaderamente difíciles de sacar, ponerlos en funcionamiento y los
que no se pudiesen arreglar, desarmarlos y hacer un almacén de piezas de
repuesto en un local donde se guardaba café que ya existía en ese lugar.1
Al presentarme a la nueva misión, ya estaba organizado el destacamento de
guarnición antes referido, el que quedó bajo mi mando a partir de ese momento.
El Capitán Manuel Piñeiro me instruyó sobre cómo iba a funcionar y
cómo debía formarse la
Policía Rebelde, e incluso me sugirieron algunos compañeros
que podía utilizar en esta función,
1 Al mirar a la distancia, pienso
que fue el primer intento de la creación de la especialidad de tanque y
transporte del Frente, se logró poner de alta varios vehículos, los llamados
zapa de tres diferenciales y camionetas Power Vagón, que por órdenes de Raúl se
le entregó a Efigenio. Se creó un parque de piezas de repuesto.
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entre
los que estaba Alfredo Reyes Trejo, quien fungiría como segundo al mando de la Policía. Luego no
solo él, sino los hermanos Trejo que también realizaron un meritorio trabajo en
la organización de la
Policía Rebelde. Comenzaron aquí realmente a darse los
primeros pasos para la organización de un cuerpo policial.
A
partir de este momento existe comunicación y contacto permanente entre el
mando de la policía y estos dos miembros de la Comandancia, Piñeiro y
Augusto, lo que de hecho se convierte en el puente directo a través del cual se
canalizan las órdenes de la autoridad máxima rebelde a dicho mando policial. En
el trabajo futuro se irán perfilando aún más las condiciones en cuanto al
funcionamiento y alcance de la policía.
Siguiendo
las indicaciones de estos jefes superiores, la policía empezó a ser nutrida con
reclutas guerrilleros procedentes de la escuela de Calabazas de Sagua, dirigida
por Raúl Barreda, compañero de Guantánamo que siendo agente del Servicio de Inteligencia
Militar (SIM) enemigo, se había incorporado al Movimiento 26 de Julio,
prestando valiosos servicios, además, yo incorporé a un grupo de soldados que
estaban bajo mi mando en Soledad.
Recibí
indicaciones de algunos de los requisitos que debían cumplir los hombres que
seleccionaríamos y estos eran los siguientes: tener un mínimo de preparación
política, ser firmes en sus convicciones, una actitud definida ante la
revolución, tener en cuenta que no solo se realizaría un trabajo con el orden
público y las actividades enemigas, sino que tendrían que hacer un trabajo
político con los ciudadanos y mantener el trato correcto del Ejército Rebelde
con el pueblo.
La principal misión policial siguió siendo la protección de la Comandancia, a esta
casi se reduciría lo hecho por la policía en lo que era el territorio
tradicional del Frente.
En
realidad, de acuerdo con las exigencias propias del momento, existía una
especie de puesto policial en uno de los puntos de la guarnición, pero no había
una jefatura de la policía organizada y estructurada. Nunca llegó a existir un
escalón de mando policial. En su aspecto material contábamos en la Comandancia Central
con un pequeño local de trabajo, generalmente estábamos muy poco tiempo allí, y
las orientaciones las recibíamos a través de los compañeros mencionados
(Piñeiro y Augusto). No se puede pensar cuando hablamos de jefatura de Policía
en una cosa organizada. En realidad ejercíamos como jefe de la policía yo y
como se-54
gundo
Alfredo Reyes Trejo. Por lo regular andábamos juntos, en la práctica el puesto
de mando nuestro estaba arriba de un jeep y continuamente nos estábamos
moviendo, organizando, controlando, nombrando policías en los poblados que se
habían liberado y otras funciones.
La dirección de la
Policía se convirtió en un mando móvil, por la urgente
necesidad de organizar estos poblados, montada en un jeep para trasladarnos de
un lugar a otro según el rápido desplazamiento de las tropas rebeldes. Este
mando móvil no fue el resultado de un estilo de trabajo, sino de las
necesidades impuestas por las circunstancias de la guerra.
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La Ofensiva Rebelde
General
y perfeccionamiento de la Policía
Rebelde
Fue
un período decisivo de la lucha armada, los acontecimientos se produjeron a una
velocidad vertiginosa, estábamos en el comienzo de la gran ofensiva rebelde
cuando era imprescindible arrebatarle al enemigo el máximo de terreno y el
combate fue pasando, de la toma de cuarteles y puestos militares ubicados en
poblados medianos, a la lucha por las ciudades.
Fue un momento de gran movilidad de las fuerzas rebeldes que iban
abandonando sus territorios tradicionales y avanzaban sobre las posiciones del
enemigo en el llano. A consecuencia de esta Ofensiva General se liberaron
enormes territorios y poblados en las cercanías de las diferentes comandancias
de las columnas.
El Ejército Rebelde estaba en medio de un frente de combate amplio al
desatarse la ofensiva de todas las columnas por la Operación Gancho, pero iría quedando, entre la
dirección central del Frente y las líneas de combate, una zona formada
por los poblados y ciudades liberadas, territorio ocupado por medio millón de
habitantes, había que controlar mediante el funcionamiento de un cuerpo que
fuera la garantía de la firmeza de estos triunfos, situación que planteó la
necesidad de fortalecer las estructuras. Se hacía necesario, no solo cubrir
esta retaguardia, sino dejar un orden constituido en estos nuevos territorios
para impedir cualquier acto que pudiera poner en peligro este proceso, fue por
eso que se tomaron adecuadas medidas organizativas, sobre todo, al sopesar la
contingencia de la prolongación de la guerra y pensando en las situaciones que
pudieran sobrevenir de cualquier cambio súbito en ella.
Además,
la extensión territorial de la contienda creaba otro problema, los lugares de
combate o en ocasiones las líneas de
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fuego
del Frente se habían alejado tanto del centro de dirección de las tropas
rebeldes que se hacía casi imprescindible dejar consolidada la retaguardia, o
sea, todo el territorio que se iba ocupando y también era necesario crear
enlaces entre esos dos puntos tan distantes. El que se pudiera garantizar el
control del territorio liberado determinaba en gran medida la obtención de
tales objetivos y en esto intervendría con un peso considerable la Policía Rebelde, la
que se encargó de mantener el orden, administrar justicia y contribuir a la
reorganización de la vida social, entre otras de sus múltiples tareas.
Insisto en que lo primero era derrotar al enemigo, lo que no nos
permitió que el mando policial se entregara de lleno a la tarea de organización
de la Policía. De
las tareas militares emanadas de la Comandancia Central
se destaca la operación contra Songo y La Maya, plazas donde no se dejó organizada la
policía porque la misión del mando policial era en ese momento otra, debido a
las necesidades de esa coyuntura concreta.
En La Maya,
acompañé a Augusto Martínez y Raúl Camacho, el Abuelo, jefe de
intendencia del Segundo Frente e hicimos un requisamiento de víveres y otros,
fundamentalmente en almacenes de connotados batistianos del poblado, y dejamos
constancia de lo que se requisó, mientras que en Songo, a pesar de haberse
tomado esta plaza, considerada por la dictadura como inexpugnable, no se pudo
tampoco dar pasos organizativos respecto a la Policía Rebelde.
Ubicándonos en aquel contexto, podremos comprender mejor por qué aquel
momento exigía participar en el combate por encima de cualquier otra tarea,
así como determinadas circunstancias en ocasiones, impedían a los jefes de la
policía dedicarse a otra cosa que no fuera redundar en la solución de las
necesidades bélicas del Segundo Frente, a veces simplemente había que hacer lo
que dicta la lógica: la guerra.
Más tarde, sin haberse liberado todavía las principales plazas de la
provincia, se volvería sobre estos dos grandes poblados para dejar constituida
en ellos la Policía
Rebelde. También se irían sumando otros lugares de menor
importancia como Jamaica y Caimanera en una dirección, y Dos Caminos, Borjita,
Santa Ana de Auza y Baltoni, en otra. La dirección norte del mando de la
policía tendría que dividirse por imperativos de la extensión del Frente.
También se organizaría la policía en Cueto.
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En
otros lugares, los jefes de las unidades rebeldes que realizaban su
liberación, constituyeron en estos una especie de puestos de guarnición, que no
pertenecía a la policía en toda su propiedad, pero que después fungirían como
puestos policiales. A veces esta no fue más que una situación provisional,
dictada por la marcha agitada de los hechos y que fue modificada tan pronto
como el mando de la Policía
llegó a estos lugares para realizar su labor organizativa.
Por lo regular en estos momentos iniciales de la ofensiva rebelde, el
mando móvil de la Policía
visitó las plazas que se estaban liberando, aún en medio del fragor del combate
o recién terminado este.
Enfrentadas al estado de confusión, propio de esos sitios recién
liberados, los jefes de la policía del Frente asistieron a la constitución de
esos pequeños destacamentos rebeldes que se dejaron para garantizar la defensa
con una mezcla de entusiasmo y furor característicos. El mando policial,
después del acto de constitución, marchó al lado de las tropas que avanzaban
aceleradamente. Sobradas razones existían para este apresuramiento.
Casi
a mediados de noviembre se recibieron órdenes precisas de la Comandancia General
en la Sierra Maestra
donde en esencia se señalaba que: las columnas del Segundo Frente debían seguir
su avance, sitiando y rindiendo a todos los cuarteles posibles en la zona
comprendida entre Cueto, Mayarí, San Luis y Guantánamo, mientras que las
columnas que rodeaban a Santiago de Cuba debían continuar vigilando e
impidiendo el menor movimiento de tropas enemigas.
El
23 de noviembre, coordinadas las tropas del Segundo y Tercer Frente
Orientales, se iniciaba una cadena de combates que han sido denominados la
“batalla de Oriente”, que traerían como resultado la liberación de las plazas
más importantes por parte de los rebeldes. El camino del debilitamiento y
posterior derrumbe del régimen estaba abierto.
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Desde
Baracoa hasta Cueto
En
el desarrollo de esta ofensiva final, vorágine revolucionaria marcada por la
toma de la iniciativa militar rebelde y la correspondiente desmoralización del
enemigo que rindió muchas de sus posiciones, incapaz de contener aquel empuje
revolucionario. Fuimos tomando poblados y ciudades y armamos gente por el camino.
En medio de esta situación fue que la policía se convirtió en una necesidad
militar y política de primer rango, por esta razón, el Jefe del Segundo Frente
da instrucciones al mando de la
Policía para ir “desde Baracoa hasta Cueto” y autoriza para
reclutar en las columnas a los hombres necesarios con el fin expreso de organizar
el cuerpo policial en todo el territorio liberado.
Se inicia el período de trabajo más intenso para el mando móvil de la Policía Rebelde,
como podrá calcularse con facilidad, la fundación y existencia de esta se
circunscribirá cronológicamente a los últimos días de noviembre y sobre todo a
diciembre, por lo que todas estas medidas organizativas fueron fugaces. En
especial recuerdo que medité sobre la nueva tarea que se me había encomendado,
por lo cual debía de emitir algunas medidas que normasen las actividades
iniciales pues se avizoraba la toma de la iniciativa rebelde para una posible
ofensiva, algunas de estas indicaciones fueron:
Primero:
Queda terminantemente prohibido ausentarse de las delegaciones de la policía
rebelde sin la previa autorización del responsable del mismo.
Segundo:
Igualmente para el buen funcionamiento de estas delegaciones queda prohibido
así mismo las conversaciones no constructivas así como discusiones polémicas
[…].
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Sexto:
Este departamento deberá mantenerse limpio, ordenado, gala de la característica
de este Segundo Frente Frank País. Séptimo: Todo miembro de este cuerpo debe
cuidar celosamente su apariencia personal […].
Noveno:
El responsable de este campamento deberá convocar una reunión cada dos días con
el personal bajo sus órdenes para el intercambio de ideas y críticas
constructivas y todo lo relacionado con nuestro cuerpo y las cuestiones
fundamentales que dieron origen al Proceso Revolucionario.
Hubo que recorrer enormes territorios separados por largas distancias,
para cumplir la misión que el Comandante Raúl Castro había encomendado.
Teníamos que dar rodeos, pues muchos lugares estaban aún en manos del enemigo;
atravesábamos poblados en las noches o madrugadas, muchas veces desiertos, escuchando
a lo lejos el ruido del combate que se desarrollaba, sin tener claro en manos
de quién estaba el lugar.
Es
así como empezaron a darse los primeros pasos para la organización de la
policía en los territorios recién liberados, se formaron pequeños
destacamentos armados que tuvieron funciones especiales, por tanto
diferenciadas, para el mantenimiento del orden público, del resto de los
soldados rebeldes, cuya misión esencial era la combativa. Se distinguían no
solo porque portaban monogramas que los identificaban como policías, sino
también porque tenían cabal conciencia de su pertenencia a un cuerpo especial y
porque actuaban de acuerdo con ello. Ya en este tiempo fue función de la
jefatura máxima de la Policía
la constitución de estos grupos armados que situaba en los poblados, así como su
instrucción en relación con su actuación y el chequeo de sus deberes, incluso
se observaba una tendencia en dicha jefatura a especializarse en sus
funciones, aunque nunca abandonaron su participación en los combates. La
combinación de ambas funciones y en ocasiones su realización simultánea, le
fueron inherentes a las condiciones de guerrilleros, los que compensaban su
insuficiencia numérica con la versatilidad de sus actos.
Nutriéndose
de los soldados que provenían de las escuelas para reclutas rebeldes existentes
en Calabazas de Sagua y en Mayarí Arriba, de los efectivos de la guarnición de la Comandancia Central,
que enviaba Fito Suárez. Se fueron estableciendo puestos policiales en Alto
Songo (liberado el 27 de noviembre), La
Maya
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(liberada
el 7 de diciembre), San Luis (liberado el 9 de diciembre); en Dos Caminos,
Santa Ana de Auza y Baltoni; en el sector sudoccidental, en la dirección norte
de Cueto (26 de diciembre), en Mayarí (30 de diciembre) y en una tercera
dirección, en Jamaica de Yateras, justamente en el momento que se organizaba
el asedio de Guantánamo por parte de las tropas de Villa y Efigenio, entre
otros lugares de este sector se organizaría también en Caimanera (liberada el
19 de diciembre).
En algunos casos las milicias clandestinas que operaban en los
poblados y plazas mayores o que se habían sumado al combate por su liberación,
eran utilizadas para apoyar la actividad policial o se integraban a ella aunque
en menor escala. Los jefes de los puestos policiales eran compañeros de más
confianza, por lo general de los que se habían formado en contacto directo con la Comandancia Central,
en el grupo de guarnición responsable de su seguridad y traslado. Estos puestos
de policías de los enclaves liberados debían estar mejor preparados para
enfrentar una misión más compleja que la que se realizó en el territorio
tradicional del Frente. Ahora no se trataba de resolver problemas civiles en un
marco controlado del todo por las fuerzas revolucionarias, ni tan solo se
trataba de establecer un orden militar mediante el uso de la fuerza, había que
organizar la vida en esos territorios recién liberados y además se necesitaba
hacerlo aun en medio de una guerra cuyo final no podía pronosticarse con
exactitud cuándo se produciría.
El cuerpo policial debía diferenciarse, de hecho era distinto por su
esencia, del odiado cuerpo de la policía batistiana. El pueblo espontáneamente
apreciaba esta diferencia, por esa razón se intensificó la educación política,
ya de por sí el nivel de preparación de las tropas del Segundo Frente era
considerable a causa del énfasis en la necesidad de politización elevada del
Frente, por lo que los soldados que pasaban a trabajar en la policía no podían
menos que reflejar esta preparación, sin embargo, se procuraba que estos
fuesen los que mayor desarrollo tuviesen en este sentido, a fin de que
entendieran mejor su misión y acometieran las tareas con la aptitud requerida.
Con el fin de mejorar esta preparación se trabajaría luego en la
creación de mecanismos que viabilizaron esta labor, como escuelas de la
policía, y se atendería más de cerca a los puestos policiales.
La necesidad de acentuar el factor de la educación moral se tradujo en
la práctica en una sobrecarga de este tipo de trabajo
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que debería enfrentar
el mando de la Policía.
Esto se puso de manifiesto en una circular rebelde dirigida
a las jefaturas de los puestos policiales que se acababan de constituir, la
cual tuvo por objeto clarificar algunas de las cuestiones antes señaladas.
Al
recibir la tarea, Trejo y yo pensamos que teníamos que confeccionar unas
normas para que los compañeros las tuviesen presente en esta función, por
completo nueva para todos, por lo que elaboramos, con nuestra propia concepción
e imbuidos del espíritu de lo que avizorábamos en el futuro, la circular
número 1 del 5 de diciembre de 1958 que dice como se transcribe en estos
fragmentos (ver anexo IV):
Nos
ha tocado a los hombres que constituimos el Cuerpo de la Policía Rebelde la
ardua y responsable tarea de ocupar y mantener el orden en los territorios
liberados por el Ejército Revolucionario 26 de Julio, sobre cada uno de
nosotros gravita de manera directa tal responsabilidad y debe constituir
nuestra mayor preocupación el hecho de salir airoso y con éxito de esta
responsabilidad que la
Revolución ha puesto en cada uno de nosotros […].
La Policía
Rebelde es un cuerpo no
solamente creado para mantener el orden de los territorios ocupados por
nosotros, sino sus funciones deberán ser más amplias y profundas, ya que como
en los pueblos liberados por el Ejército Revolucionario es la representación
ante el pueblo del Ejército Rebelde. La Policía Rebelde,
deberá estar presta en cualquier lugar en que se encuentre, a ejercer su
autoridad y respaldar con esa autoridad, la justicia a los humildes, origen y
causa de nuestras luchas […].
Todo
policía deberá cuidarse de no aceptar halagos ni regalos interesados que
tiendan a menoscabar el ejercicio pleno de su autoridad, cosa esta corriente en
los policías anteriores, habidas en nuestra República, donde un tabaco, una
cajetilla de cigarros o cinco pesos disimulaban y cubrían inmoralidades.
En ese último párrafo citado se efectúa un corte nítido entre la
policía anterior y la
Policía Rebelde, denunciando el carácter fácilmente corrupto
de aquella a la que el soborno material y el halago cegaban el cumplimiento de
su deber. Era lógico que esto exis-62
tiera
en un cuerpo policial puesto al servicio de la clase explotadora que lo
sostenía solo por dinero y no sobre la base de una causa justa que le diera una
sustentación moral e ideológica.
En este fragmento de la circular número 1, que ya citamos antes, se
evidencia la esencia clasista, en este caso a favor de los explotados, que
debía guiar la actuación del nuevo cuerpo policial:
La Policía Rebelde, deberá estar presta en cualquier lugar en que se encuentre, a
ejercer su autoridad y respaldar con su autoridad la justicia de los humildes,
origen y causa de nuestras luchas.
Se subraya aquí una vez más la respuesta combativa que debía
caracterizar al policía rebelde para ejercer a plenitud la autoridad
conferida. No se nos debe escapar el espíritu martiano con que está hecho este
documento, apoyado en indicaciones de nuestros superiores, además, lo
conceptual que nuestra cultura nos indicaba, pues éramos parte de esa
población con unos tremendos deseos de justicia, no queríamos una policía igual
a la que conocíamos. Teníamos que invertir el orden de las cosas, queríamos y
podíamos hacer algo distinto; el documento fue consecuente con los fines
humanitarios y a favor de los desposeídos con el uso del fusil para destruir el
régimen de opresión y crear las bases de otro distinto.
Dejando claramente establecida la identidad absoluta de fines y
métodos existentes entre el Ejército Rebelde y la Policía, la circular hace
conciencia en cuanto al amplio alcance de la responsabilidad de esta cuando
dice:
La Policía
Rebelde es un cuerpo no
solamente creado para mantener el orden en los territorios ocupados por
nosotros, sino [que] sus funciones deberían ser más amplias y profundas, ya que
somos en los pueblos liberados por el ejército revolucionario, la
representación ante el pueblo del Ejército Rebelde.
El 16 de diciembre el Comandante Raúl Castro emitió la Orden Militar número
53, que establecía el sistema de administración que se debía aplicar en los
municipios liberados y definía las funciones
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que
se debían cumplir por las instituciones creadas, entre ellas la Policía Rebelde.
En su artículo 16, el documento expresaba:
Para
el cumplimiento de las disposiciones de los comisionados, así como para el
mantenimiento y atención del orden público del territorio donde presten sus
funciones, las autoridades encargadas de la administración municipal contarán
con las fuerzas de la
Policía Rebelde que radiquen en tales territorio.
Y entre las disposiciones transitorias, indicaban:
La Policía
Rebelde del Segundo Frente
Oriental “Frank País” quedará subordinada en lo sucesivo única y exclusivamente
al comisionado General a quien se le faculta por este medio para la
reorganización de dicho cuerpo y la designación de sus miembros.
Desde este momento la
Policía se subordinó a Augusto Martínez Sánchez, quien en su
condición de comisionado general del Frente, aceleró su creación y desarrollo.
Como parte de este proceso, el 20 de diciembre
Martínez Sánchez puso en vigor un decreto que
aprobaba el reglamento del cuerpo, en él se definían las funciones de la
policía y los principales aspectos de su estructura y se precisaban las
atribuciones y funciones de los jefes en los distintos niveles. En los
artículos 2 y 3 se establecía, respectivamente las funciones y las estructuras
del cuerpo de la policía rebelde:
Funciones:
a)cumplir y hacer
cumplir las leyes, reglamentos, órdenes y
demás
disposiciones vigentes en el II Frente. b)prevenir los actos delictivos.
c) la conducción, custodia, identificación y seguridad de los prisioneros
de guerra.
d) el control de los civiles en los teatros de operaciones bélicas y los
movimientos en masa de refugiados.
e) De la persecución de los militares prisioneros escapados.
f)
El control del orden
público en los territorios liberados y ocupados por las fuerzas rebeldes.
g)
La búsqueda y
conducción de las personas que se le ordenen.
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h) Realizar las investigaciones que se le encomienden, de las
que deberá dar cuenta por escrito a quien la ordenó a la mayor
brevedad
posible. i) Informar a los mandos militares
del II frente de cualquier hecho
que
pueda comprometer la seguridad de las fuerzas rebeldes j) recolectar y poner a
disposición de la comandancia central
todo
cuanto sea ocupado al enemigo. k) Y las demás atribuciones que se le señalen
por la superioridad.
La estructura que adoptamos y estaban normadas fueron: jefatura,
distritos, delegaciones y subdelegaciones, solo pudimos organizar un distrito
que fue el número 17 que comprendía la zona de San Luis.
La jefatura estaba subordinada al comisionado general del Frente e
integrada por un jefe y los agentes necesarios. Se crearían tantos Distritos
como fueran precisos, subordinados estos a las delegaciones y subdelegaciones,
tanto unas como otras contarían también con un jefe y los agentes que
requieran. Además, también se refería a otras cuestiones, tales como:
-Las
atribuciones y funciones de los jefes en cada uno de los niveles de
subordinación, con el propósito esencial de garantizar el control y
funcionamiento de la policía en estas dependencias, e informar periódicamente a
los mandos superiores.-También se refería a los requisitos que debía tener un
agente de policía, sus cualidades morales y políticas.
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viernes, 12 de septiembre de 2014
El Canelo y otros cuentos
Por Alfredo Ballester
Su pasión por los gallos era más
fuerte de eso que llaman sentido común. El colorido del espectáculo y los
gritos de la gente lo hechizaban y lo enardecían tanto o más que con una buena
hembra. Cuando jugaba lo veía todo en colores, no había en el mundo nada más
emocionante que una buena pelea de gallos, era algo mágico, se sentía como
dentro de un gran baile, mientras unos comían, tomaban o gritaban, y otros solo
reían. Cuando cogía un ave en sus manos sentía el calor del pequeño cuerpo que
se traspasaba al suyo, el familiar olor de acetona y el limón para limpiarlo y
endurecer los músculos del animal; la suavidad del plumaje era algo voluptuoso,
era un jugador empedernido y sin freno, sentir el placer del juego, ganar o
perder no era lo importante, el secreto era la emoción, la incertidumbre del
final, de los conocimientos y la experiencia acumulada; saber chupar un pico
cuando el gallo tenía una vena, puntearle la cabeza con sus propias espuelas
para ver si estas están untadas, si le han puesto una espina del pez rascacio
para provocar el calambre, en fin, conocer las triquiñuelas y secretos del
oficio; también de un golpe de suerte pues a veces esto ocurría. Había gallos
guapos, fuertes, también los había astutos, menos inteligentes o cobardes, pero
este que preparaba para la gran pelea era especial.
No había logrado todavía penetrar
a qué grupo pertenecía, a veces lo desconcertaba la mirada fija de Canelo, de
aquel gallo dependía su vida. Meses atrás, en una partida de dominó y con un litro
dentro de tres marino paticruzados había hecho un alarde estúpido, no era
primera vez que regresaba a su casa sin zapatos y sin la camisa por las
apuestas, esta de ahora fue descabellada, había jugado el caballo, la joven
yunta de bueyes, las cuatros rosas de tierra heredadas del padre, todo esto
venía a su mente.
Oyó lejano, como en la bruma de
un sueño, al juez que anunciaba su pelea, salió al ruedo como quien va al pelotón
de fusilamiento, sus amigos chiflaban, pensó que esta vez se le había ido la
mano, se vio en la pista, el juez dio las instrucciones, topó el Canelo contra
el Colorao en la mano del retador y soltó el gallo, los animales caracolearon,
alargaron sus pescuezos y erizaron el plumaje. El Colorao fue el primero en
atacar, revoleteando en el aire, el Canelo dio unos pasos atrás, el público
enardecido, unos gritaban --llevo veinte a diez--, uno más alto vociferaba
--pago mil a cien--, el Canelo daba pasos de baile alrededor del contrincante,
a la izquierda, luego a la derecha, como si se estuvieran estudiando, se
arremetieron.
El olor a fritura de bacalao que
hacía la negra María Ramona llenó el aire, él no se percataba de nada, su
mirada era solo para el gallo, le gritaba --pica abajo, pica abajo--como si el
gallo pudiera entenderlo. El oía a Clavelito, creía en la fuerza del
pensamiento; lanzó su onda cerebral al gallo, como orientaba el cantante
campesino devenido en adivinador en los micrófono de la CMQ, casi estaba rezando --por
tu madre Canelito, gana --. El Colorao, en un descuido del contendiente
envistió y dio un espolonazo, el Canelo cayó ensangrentado; al parecer esto era
todo.
El Colorao se dispuso a rematar,
los ojos casi sin vida del Canelo se encontraron con los de él, pensó con todas
sus fuerzas: por favor, Canelo, mata, mata, no me abandones. El Colorao,
levando su pata donde brillaba una gran espuela, la dirigió al pescuezo de
Canelo. Se hizo un silencio de muerte, en ese momento, desde el suelo, el
Canelo levantó su ala derecha y con el ala izquierda, porque era zurdo, saco
una pistola Col 45 y disparó dos veces sobre el pobre Colorao que cayó
fulminado con dos boquetes en el pecho con un gran aplauso del público.
Contaba mi viejo profesor de Periodismo, Cuqui Pavón, que cuando Guarro
Ochoa fue alcalde de la ciudad de Holguín, un buen tiempo estuvo la Banda de Música Municipal
sin que le pagasen a los músicos. Estos, desesperados, un día fueron a ver al
alcalde, a su oficina del Ayuntamiento. Los hizo pasar y ellos le explicaron su
situación personal. Con la banda había ido un cojo, Jorge, que tocaba los
timbales, les ayudaba a cargar los instrumentos, les hacía los mandados y
siempre le daban algo. Guarro les dijo que el municipio tenía una mala
situación económica, etc. etc., pero que para aliviar un poco la situación de
cada uno, que vendieran los instrumentos, el que tocara cada uno. En el
silencio que siguió... se oyó la voz del cojo que dijo en alta voz: Se jodió
Márquez, se jodió Márquez.
Márquez era el director de la Banda y sólo utilizaba para
dirigir una varita pequeñísima.
La broma
Calabaza de Sagua, lugar pintoresco,
perdido entre el macizo montañoso de la cordillera Sagua-Baracoa,un grupo de
casitas y una tienda en el fondo de un pequeño vallecito atravesado por un río
de corrientes de aguas claras y cristalinas, nuestro campamento en ese entonces
estaba en el alto de los Milianes, resultaba raro ver aquellos tres hombres
jóvenes moverse entre las casas, blanco de las miradas y sonrisas silenciosas y
maliciosas de los habitantes del lugar, vistiendo el odiado uniforme de la
guardia rural.
Corría un junio caluroso del año 1958,la lucha contra el tirano Batista era
a muerte. Una tarde, el ruido característico de un vehículo subiendo la alta
loma donde se encontraba el recién Departamento de Propaganda del II Frente
Oriental, avisaba que llegaba alguien,esto no era usual por el día, el lugar
casi no tenía vegetación, y no existía formas para ocultarse de los ojos
inquisidores de los tripulantes de las odiadas chismosas, avionetas color olivo
del ejército de la dictadura que realizaban labores de exploración y les
indicaban los blancos a la aviación de bombardeo, basificada en Santiago de
Cuba, que a diario realizaban raid
aéreos contra la población del frente.
Al llegar el vehículo y detenerse se bajó un viejo rebelde de larga melena,
armado con un viejo fusil, ordenó a los demás ocupantes del verdecito jeep
requisado a la MoaBayMining
que bajaran, lo hicieron con prontitud tres hombres vestidos con el uniforme
del ejército enemigo, uno de ellos, el
más viejo como de unos 30 años con los grados de sargento, trigueño, casi calvo, que resultó ser el telegrafista
del puesto de la guardia rural del central Baltoniy el oficinista además de un número o sea un
soldado.
El chofer rebelde le entregó a Papito que había salido a recibirlos una
nota. El Capitán Serguera o Papito, como le llamábamos, les indicó a los rebeldes que pasaran a la
cocina a tomar café. Mientras leía el papel, me llamó y me dijo: vigílalos, son
prisioneros, dale trabajo, estarán aquí hasta ver que no están complicado en
ningún crimen, (después permaneció solo el sargento,los otros dos fueron
mandados para las Cuevas de Verdejo,
cárcel del II Frente).
Los tres hombres habían
permanecido parados cerca del vehículo, casi en atención con mirada resignada,
les indiqué con un gesto que me siguieran y les señalé un lugar en el viejo
almacén de café donde nos alojábamos provisionalmente. Peligro que escapasen no existía,
prácticamente estábamos en el corazón del Frente, aquí no había a donde ir, además ningún campesino los
ayudaría.
Cuando pasaron varios días supe la
historia por boca del sargento, cuenta que fueron invitados por una joven a comerse
un cerdo en el lugar donde ella vivía, un poco apartado del batey del central,
en pleno monte. Después de degustar el pobre animalito y varias botellas de
aguardiente de caña, salieron en un jeep del ejército apresuradamente por el
camino de la Ayua,
antes que anocheciera, al poco rato de marcha se desorientaron un poco; al
llegar a una encrucijada de caminos, se encontraba un viejo campesino con una
carga de yuca en el hombro, le preguntaron que hacia dónde tenían que coger
para el central, el viejo, presto, les
dijo,cojan este camino de la izquierdea que al subir la lomita verán el central.
Así lo hicieron los tres militares, iban cantando un bolero mejicano, el ruido
del motor ocultó la gran carcajada del viejo que se quedó parado en el centro
del camino viendo desaparecer en una curva el polvo que levantaba el vehículo.
Iban subiendo la lomita indicada por el campesino, cuando una voz potente
les dio el alto, y el vehículo chocó con unos troncos que cerraban el paso, los
militares también le dieron el alto a nuestra posta, todos estaban aturdidos, no supieron qué pasaba, de pronto de dentro del monte salió un hombre
barbudo con olor a manigua, encañonándolos con su escopeta y un joven campesino
con una muleta. Los guardias comenzaron a disparar, el rebelde no tenía cartuchos en la escopeta,
cumplía una orden para evitar accidentes. Atraído por los disparos llegaron
algunos rebeldes que abrieron fuego sobre el jeep al que le reventaron una goma pensando que
era una avanzada, fueron rodeados en un montecito, se le hicieron algunos dispararos y se les
encomió les a rendirse.
Paralizados por el miedo solo acertaron a levantar las manos, no recordaron las armas
cortas que llevaban en el cinturas, los rebeldes, rápidos y diestros, los desarmaron, luego, uno de ellos, los condujo a su campamento con las manos en
alto, y esto fue todo.
Se le ocupó un Springfield y dos
pistolas, estuvieron presos hasta el
final de la guerra. Al pasar de los años
cuando le llegó el turno de morir al viejo de la broma dicen que lo hizo con
una sonrisa maliciosa y socarrona.
Belinita
Menuda y frágil, una mata de pelo largo en bucles
del color del heno viejo,de facciones delicadas, nariz perfilada ojos grande como de venadito asustado,demasiados abierto de mirada de asombro y curiosa. Tendría unos 6-7 años
cuando entró en nuestras vidas, nunca estuve del todo claro cómo vino a vivir
con la abuela Senda, hija de un gallego carbonero que de vez en vezvenía a
verla, todo negro de carbón, con un
sombrero de yarey, que interrumpía bruscamente nuestros juegos, oímos que había perdido a su madre, conversaba brevemente con la niña y se marchaba
en la misma forma en que vino. Ella volvía al juego con sus batas largas que no
ensuciaba, su gran lazo en la cabeza y sus gestos suaves. Cuando ya nos
habíamos acostumbrada a ella se la llevaron,creo a otra familia, la veíamos y
pasábamos por su nuevo hogar una casa de madera en el cruce de línea del
aserrío de Pintado del camino a los Caños, ella nos miraba con aquellos grandes y tristes ojo que
miraban sin vernos mi familia no volvió a mencionar el asunto
La cerca
Noche oscura, como decimos en buen
cubano, de boca de lobo. Nada se veía más allá de las narices. Éramos 12
hombres. Partimos cuando las gallinas comenzaban a encaramarse en los árboles,
tras juntarnos tres avanzadas de escopeteros. .
Marchamos en fila india, uno detrás
del otro, en silencio. Las reglas de las guerrillas son rigurosas, cada uno se
acompaña con sus pensamientos. Penetrando aquella masa gelatinosa negra que nos
envolvía tratando de descubrir los objetos a nuestro paso.
Yo tatareaba mentalmente una canción
de moda de aquellos tiempos para mantenerme ocupado, en tanto trataba de imitar el paso de los indios
Sioux, que había visto en las películas norteamericanas.
El avance solo lo delataba el
incesante ladrido de los perros desde la distancia, mientras el temor, se
adueñaba de los moradores, al ignorar quien pasaba cerca de sus bohíos,
casi ni respiraban solo el llanto de un niño pequeño.
El aire tibio, preñado de
incógnitas, nos acompañaba mientras atravesábamos cafetales, llenos del olor de
miríadas de Jazmines de Noche, y cafetos en floración, caminábamos por senderos
trazados por arrias de mulos pisando
viejas huellas en el fango duro.
Perdidos arroyos delatados solo por
el tenue ruido de sus aguas, pendientes pronunciadas atravesadas en el camino
hacia Cupeyal, completaban la jornada. Nuestra misión era hostigar al ejército.
Los guardias de la tiranía
provenientes de Guantánamo, con movimiento envolvente, a través de un trillo en
la serranía, guiados por un chivato desalojaron las avanzadas rebeldes. En ese
lugar Lograron llegar hasta La Colonia.
En la zona de Monterruz en Yateras
Confiábamos en el campesino que abría la marcha, montañés y conocedor de
la región presiento que el hombre que me
precede, se ha detenido bruscamente, le toco el hombro, creo que vuelve su
rostro hacia mí y murmura—una cerca, nos juntamos frente al obstáculo, el guía
se inclina, cogió en sus manos el pelo de alambre, este le llegaba solo a la
cintura, lo baja con ambas manos cuidadosamente, pues llevaba la escopeta en
bandolera, o sea a la espalda, lo empujó hacia abajo, cruzo una pierna, y luego
con cuidado la otra, lo hizo ampliamente en cámara lenta, cuidando de no
engancharse en las púas, al menos eso fue lo que vimos o creímos ver, ya sin
ningún obstáculo el guía continuo caminando, se dio la orden en susurro de
continuar, empezamos con las manos a tantear dónde se encontraba el alambre, se
había agrupado todo el personal y comenzamos a explorar la oscuridad con las
manos en la negra noche, unos se tiraban
al suelo, era un concierto directores de orquesta sin música, de manos
removiendo la negrura, hasta que sentimos la risotada del guía, cuando dijo:--levántense
partía de pendejos, que no hay ninguna cerca, como por arte de magia la luna
salió y alumbro el escenario y solo existían 2-3 palos de cercas antiguos sin
pelos de alambres que evidentemente el guía conocía, la tensión aflojo, todos
nos echamos a reír, luego la venganza fue fulminante, el hombre perdió nombre y
apellidos, en lo adelante se le llamó por los siglos de los siglos sin otros
adjetivos; solo el Jodedor .
La pineita blanca
Recién
comenzaba eso que le llamamos Periodo Especial, en lo de necesidades o pasar
trabajo me recordaba narraciones de la época del Machadato que mi padre
contaba, en realidad,nos sorprendió, a mí y a otros pues no esperaba que la
cosa apretara tanto,a pesar que disponía de información de lo que se nos
avecinaba, en el seno de mi familia fue duro,pues había pasado al retiro en
esos días y pasaba por un momento difícil sicológicamente, con algo parecido a
eso que llaman el síndrome del retiro y no sabía qué espacio ocupar en lo
adelante. Los vientos que soplaban habían traído el mercado de la CANDONGA,nombre exportado
por los cubanos que vinieron de Angola. Allí a la Candonga fuimos un 23 de
abril en que Ana se empeñó en celebrar de cualquier forma mi cumpleaños a pesar
de mi criterio de pasarlo por alto, compramos 10 emparedados de puerco asado a 10
pesos cubanos cada uno, eran un pedacito de un cazabe flaco que los indios
originarios de la isla los más pobres se hubiesen horrorizados con aquello de
una untada que solo olía a puerco de un sabor indefinido.
La escasez
de grasa para cocinar era tremenda, sustraían del combinado lácteo una cosa que le decían Buterol, de un color amarillo oscuro con un sabor a
rancio lo que se utilizaba
industrialmente para agregar grasa a la leche en polvo .El cambio del dólar llegó
hasta 150 pesos cubanos por 1 dólar, el panorama diario en la calle era duro,
la gente salía para los campos con ropa para cambiarla por plátano u otras
cosa,me recordaba viejas lectura del pueblo ruso durante la II Guerra Mundial, se
escuchaban pregones en la calle de
ventas de dulces, el tránsito se llenaba de bicicletas con n´pveles
conductoras, entre ellos Ana, mi esposa,
que aprendía en la pista del Feliú acompañadas de congéneres que nunca
sospecharon que después de adultas les tocaría montar en estos vehículos. Mi
previsión de cocos secos, que por años había dejado en el patio para los
puercos asado en púa aromatizados con las hojas de guayaba,sirvió antes la
escasez de leñas para cocinar. Ana y Ani mi hija menor de profesión oftalmóloga,
abrieran una lata de gas, esas cuadradas
de 5 galones y con una vieja
hornilla improvisaran un anafrehornilla o cocina; ellas empezaron en este
invento a utilizar como combustible los cocos
secos de los que hablé, el humo les causó a ambas una conjuntivitis tremenda.
Salíamos temprano al campo en la carretera de San Germán a tratar
de comprar carbón, el que trasportábamos en la parrilla del abnegado y siempre
querido Polki, en el trayecto se veían bicicletas con descomunales cargas de
leñas, que traían a mi mente paisajes vividos en la guerra en Etiopía.
En lo diario domestico las cosas que las
hijas traían de la calle eran fabulosas, Isora,
la hija mayor se apareció un día diciendo que traía la última, los huevos
fritos con solo agua,manos a la obra, claro el resultado un desastre,tal era el
panorama que se vivía.
Un día tocan a la puerta, era un individuo
grandote con un pollito blanco en la mano, que le dijo a Ana que se trataba de
una gallina y la cambiaba por un candado, estas cosas ocurrían a menudo, en casa
teníamos un candado mediano y se realizó el trueque, al pasar el tiempo nos
dimos cuenta que no era tal gallina pues no crecía, era patatica ,de patass cortitas y se trataba
de una pineita, para quien no lo sepa se
trataba de una raza de ave de corral
enana; para nuestro gallo resultó una novedad, pues enseguida la distinguió
sobre las otras esposas, y al parecer ella se deslumbró con la postura gallarda
y el plumaje rojo de su estirpe montañés. Apolonio que así se llamaba el dueño de nuestro
patio, la montaba cada mañana con delicadeza y caballerosidad ,ella dócil y
recatada,cuando él se acercaba le lanzaba mirada llenas que a mí me parecían de
amor, mientras asumía una postura, sumisa y humilde observada por la envidiosa
Claudiosa, la del pescuezo pelado y que la mirada de
Apolonio paralizaba.
Así las cosas
la pineita empezó a poner un huevito todos los días, y casi a la misma
hora que consumía nuestro nietecito
Alejandro también a diario, fue una bendición, esto lo hizo por un tiempo
largo, nunca fue después de rendir postura al caldero, por tácito acuerdo
familiar murió de vieja en el patio, nunca fue atacada por las demás aves, todas
alborotadoras y chismosas, siempre la vimos gentil y tímida, Apolonio la distinguió, un día al salir al patio vi un
matoncito blanco donde ella siempre estaba en los últimos tiempos, falleció a
una edad avanzada para las aves, fue enterrada en el patio y hasta una pequeña
y rustica cruz Alejandro le puso.
MELBA
Melba supongo que era muy joven, mirándola desde la
altura de mis 7 años era una mujer vieja ,pero en realidad era muy joven,la
recuerdo con sus barrigas, ya había parido tres negritos de su flaco marido, este con su eterno cabo de tabaco en la boca
y un viejo sombrero de jipijapa encasquetado
hasta los ojos aunque estuviera acostado en su cama.
Melba era
dentro de su pobreza muy limpia, ocupaban un cuartucho pequeño y sin
ninguna ventilación en un solar que había sido un cuartelillo de tropas
españolas, frente al parque 24 de Febrero en Guantánamo, siempre andaba con las
greñas paradas, haciéndose moñitos que se cogía con papel de cartuchos de las
tiendas trajinando dentro de la habitación con uno de sus hijos pegado de una
teta.
Me recuerdo de ella desde cuando mi madre me
mandaba a verla para asunto del planchado o lavado de la ropa era nuestra
vecina de pared de un inmenso y grueso muro que era el patio del garaje del
viejo, para llegar a su casa yo atravesaba por la casa de al lado de la mía, la
casa de Ñica la mujer de Domingo el billetero, un canario altísimo que era un fanático de la
pelota.
Mi
barrio era un mosaico de gentes interesantes,al lado de Ñica vivían dos mujeres
altas y muy flacas con el pelo blanco,ambas tenían una despigmentación en la
piel que era un horror verlas además de feas, la procedía una fama de
chismosas, les decían las pintas,nunca salían de su casa, se pasaban todo el
tiempo mirando por las hendijas de su puertas y chismorreando entre ellas. Al
lado vivía Lucia le decían la
Mora era en realidad una pareja de polacos ya maduro con una
hija muy bonita, pero desgraciadamente muy vieja para mí ,después una negra
gorda muy buena persona mujer de un gallego dueño de un pequeño café en la
esquina del parque, mas delante de la
casa de Mirta un café el de Nieto, unos
asturianos, que siempre estaban en quiebra, luego el almacén de azúcar de ChanoBergnes
un catalán que tenían en el almacén para cazar ratones una pareja de majase de
Santa María, frente un café de chinos, al lado de este un relojero húngaro o israelí,ya
viejo, que hiciera frío o calor andaba
con chaleco, saco y paraguas, al lado un
médico casado con una bellísima alemana jovencita, cerca el café de Wilson hijo
de un marinero norteamericano aplatanado en el país, MisterChileto al otro lado
del garaje un jamaicano blanco que tenía negocio de lavandería en la base naval
casado con una inglesa,el resto de la cuadra catalanes y españoles.
En el
solar muchos negros caribeños que sus hijos nacidos aquí hablaban el español
con acento, comentaron que Melba estuvo enferma,pasé por la casa de Ñica, hablé un rato con la viejita Toña, que le decía
a Santiago de Cuba ‘’Cuba’, pase al solar, el marido estaba sentado en un banquito con su
sombrero y el cabo de tabaco, el cuarto estaba vacío, solo muchos papeles en el suelo; me miró y me
dijo, dile a tu mama que Melba no le puede lavar más la ropa, se murió esta
madrugada y se la llevaron.
Parrita
Parrita era gordito, colorao, de
ojos claros, socarrón y era Policía
Nacional. Tenía tipo de baracoense(de Baracoa). Hombre rutinario, tenía sus
caminos. Uno de ellos lo llevaba cerca de por donde vivía mi novia. Y cada vez
por azar coincidíamos o me veía saliendo de casa de Mirta, me miraba
inquisitoriamente, con brillo siniestro y cínico en la mirada y una sonrisa a
flor de labios.
Sabía que el tipo me acosaba por
sospechas, por el placer de burlarse. Me
cazaba como gato a ratón, un juego mortal. Yo lo desafiaba al sostenerle la
mirada. Por entonces las cosas no
andaban bien en Guantánamo. Casi noche a noches se oían explosiones de bombas, ocurrían apagones por
el corte de la corriente, se escuchaban disparos, y al amanecer se sabía de
asesinatos y torturas, de vidas de gente del pueblo.
Cuando Parrita iba montado en el
jeep del cuartel ,Thompson en mano, rodeado de guardias rurales, la gente
intuía que el peligro andaba suelto. En tal pose, acariciando el arma, solía mirarme
intensamente, vacilarme diría hoy. Sentía que hasta se saboreaba, se relamía la
boca. Miradas intensas y lánguidas
preñadas de malos presagios y yo comprendía que no era asunto de mariconería,
sino otra cosa. Sus ojillos fieros decían: ¡Aprepárate cabrón, lo que te
espera, sé en lo que tú estás, lo sé,
pero no tengo pruebas. Tú sabes que
lo sé, que lo huelo y tú serás el
próximo muertito del pueblo. Ya tendré la oportunidad, sin apuro!
Pasó el tiempo. Logré dejarlo atrás. En los
primeros días de enero, después de la entrada a Santiago de Cuba, fui a Guantánamo para ver a la familia.
Alguien dijo que fuera a la cárcel.Allí, detrás de la reja, como merecían,
estaban todos. Naón, el asesino de CalínBergnes y los demás de la misma especie
criminales. Estaba también Parrita. Pero ya no tenía el brillo malvado en la
mirada, ni se reía. Miró desde detrás de los gruesos barrotes nada más un
instante. Desde mi uniforme verde olivo y mis grados de capitán del Ejército
Rebelde, le sostuve la mirada con asco. Él entendió perfectamente: te jodiste cabrón.
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